miércoles, 21 de mayo de 2008

Y bajo los adoquines, no había arena de playa…

Cuarenta años después, el recuerdo de aquel mayo francés sigue vigente para muchos; aquellos que se esfuerzan en la utopía de otro mundo posible; aquellos que -ideologías al margen-, han contribuido a configurar el heterogéneo planeta en que hoy habitamos...
Todo esto es muy bonito, no cabe duda, sin embargo, mi querido lector, conviene descender a la tierra y analizar los hechos tal y como acontecieron, y acontecen. No en vano, lo grandioso que tiene la historia es que, como ciencia imperfecta que es, aún es necesaria para conectar pasado y presente en un diálogo constante capaz de hacernos participes de aquello que fuimos y seremos en el futuro -y esperado- “mundo mejor”.
Aquel mayo estudiantil, los estudiantes parisinos, al igual que aquellos del “no a la guerra”, no buscaban sino debilitar las políticas imperantes. Esto, visto desde un punto de vista objetivo, puede resultar muy loable, no me cabe duda (¿o sí?). Sin embargo, si echamos una mirada a los acontecimientos recientes, observamos que poco queda de aquel espíritu del 68, o al menos en lo que a nuestro contexto universitario más próximo se refiere.
Los estudiantes, y yo el primero, bastante tenemos con la indiferencia del mundo laboral como para centrar la mirada en anhelos y aspiraciones utópicas. El mundo puede desmoronarse ante nuestros ojos, y mientras -como animal de costumbres-, el virus del miedo nos atenaza a su paso, convirtiéndonos en seres inertes, incapaces de mirar más allá del horizonte, el anhelado horizonte… ¿de que sirve trazar horizontes en un mundo sin esperanza? -dirán no pocos-.
Aquel mayo estudiantil, en una Francia lastrada por su pasado, no significo ningún hito que deba pasar al recuerdo de las generaciones venideras, o eso al menos es lo que pienso. Se aplaude más la forma que el fondo de aquel proceso. Ya pocos recuerdan su significado, si es que hubo algún significado inherente ante unos pocos meses de protestas escasamente organizados, tanto ideológica como culturalmente. Fueron muchos, cierto, y bien utilizados por las fuerzas de extrema izquierda, que también. Sin embargo, no nos engañemos, y tengamos un poco de memoria, sí bajo los adoquines hubo arena de playa en aquella calurosa primavera parisina -que lo dudo-, el viento maestral se encargó pronto de hacerla volar al baúl de aquel recuerdo inalcanzable que ya pocos se empeñan en anhelar...¿cabrá hacer algo al respecto, no?

Posdata. Una forma de declararse contrario al conformismo es declararse conformista, y combatir el mal desde dentro. Ánimo, y al toro...

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