lunes, 21 de julio de 2008

La alternativa picaresca. Un buscón llamado Pablos (I)

No poco es lo escrito hasta la fecha en cuanto al origen, desarrollo y posterior declive de la literatura picaresca en España. Filólogos e historiadores de la literatura no han dudado a la hora de prestar atención a un género que, ya desde el siglo XIX, viene despertando interpretaciones y debates varios. Repasando la extensa bibliografía al respecto, uno no deja de sorprenderse ante debates, a priori tan banales, como los protagonizados por Alexander A. Parker, por un lado, y Bataillon o Nerlich -entre otros-, a propósito de la idoneidad, o no, de considerar el anónimo "Lazarillo de Tormes" como precursor o prototipo picaresco. Como Parker, nos inclinamos por la necesidad de quitar hierro al asunto, al no ir su trascendencia más allá de incluir la obra en un contexto histórico-cultural u otro y, en todo caso, al no restar ni un ápice del mérito literario que posee este tipo de relato tan característico de nuestro Siglo de Oro. En las siguientes líneas procuraremos alejarnos de las polémicas surgidas (qué otros se encarguen de resolverlas), para volcarnos en analizar la influencia que pudo tener el contexto histórico en la concepción del neonato picaresco. Para ello, prestaremos especial atención a la única novela que perpetró uno de los grandes genios de la literatura universal, Francisco de Quevedo y Villegas.
El hecho de haber elegido "El Buscón" como base para ejemplificar lo que vayamos comentando es única consecuencia del simple placer y la admiración que nos dispensó su lectura. De hecho, hacer lo propio con el "Guzmán de Alfarache" o, incluso, con "Estebanillo González", hubiera sido indiferente -aunque menos atractivo-, para desarrollar el propuesto que pasará a ocuparnos a continuación.
F. de Ayala calificó la obra de Quevedo como “la contemplación como espectáculo del mundo por dentro, la desvalorización definitiva e incondicional de la existencia”. En el Buscón todo es grotesco, deformando como base para negar la teoría que afirma que el hombre es bueno por naturaleza. Su lectura no deja indiferente. Además, a los historiadores nos permite acercarnos a las claves que propiciaron el declinar español del XVII.
El Buscón nos ahorra las dudas. Hubo algo más que crisis estructurales…hubo -sobre todo-, un trasfondo social debilitado que, la pluma de los avezados literatos del XVII -y de Quevedo en particular- se encargó de reflejar...

María de Zayas

Derruir una convención literaria no debía ser tarea fácil en un siglo como el XVII. Al fin y al cabo, el devenir de las mismas venía marcado por el contexto social del momento, un contexto que los literatos imbuían dentro de sus obras a través de la utilización de múltiples consabidos.
María de Zayas trató de romper con este equilibrio literario rehuyendo sistemáticamente de los convencionalismos de la época y rechazando lo que a todas luces era una evidencia: el predominio social del hombre sobre la mujer; una preeminencia que la novela breve amorosa (género que cobró especial relevancia en España entre 1620 y 1640 y -cuyo origen- se remonta incluso al periodo griego clásico), se encargó de hacer pública, eso sí, en forma de sátira, y en el que de Zayas alcanzó cotas de celebridad poco reconocida.
Era un tipo de literatura que, pese a lo que se pueda pensar, mostraba ciertas tendencias y aspiraciones de la época; aspiraciones con las que nuestra protagonista no parecía estar muy de acuerdo.
Llevar a cabo un estudio biográfico de la madrileña no debería ser arduo a juzgar por lo poco que de ella conocemos.
Nació en Madrid y, probablemente, desarrolló su actividad vital en la primera mitad del siglo XVII.
Comulgo con Alicia Yllera cuando afirma que el resto de informaciones barajadas acerca de su biografía se basan en conjeturas. Poco más podemos decir sin entrar en meras suposiciones. Es por ello por lo que vamos a obviar mucho de lo que de ella se ha escrito para centrarnos en aspectos puramente literarios.
Fue en Zaragoza y Barcelona donde María de Zayas publicó “Novelas ejemplares y amorosas” (1637) y “Desengaños amorosos” (1647), las dos partes en que dividió los veinte relatos que a la postre compondrían una de las obras cumbres de la novela breve amorosa del XVII español.
Pese a constituir hipotéticas partes de un mismo fondo, los Desengaños siguen una línea mucho más pesimista que su predecesora. Se han barajado varias opciones a la hora de explicar esto. Por lo que a nosotros respecta, nos inclinamos a afirmar que fue un probable revés amoroso, previo a la redacción de la obra, lo que acabó por traicionar a la autora y, por ende, a su pluma.
En los Desengaños, el final feliz que supondría el matrimonio entre los protagonistas, algo común en este tipo de novelas, se convierte en una utopía ya desde las primeras líneas. Sin embargo, para la madrileña, éste “no es trágico fin, sino el más feliz que se pudo dar, pues codiciosa y desecha de muchos, no se sujeto a ninguno”. Hay ciertos paralelismos entre María de Zayas y su alter ego en los Desengaños. Es por ello por lo que muchos autores han afirmado que la desaparición pública de María de Zayas tras la publicación de los Desengaños se debió a que, realmente, la autora quiso emular a la protagonista de su obra e ingresó en un convento.
Conjeturas al margen, tanto en las Novelas como en los Desengaños, el hilo argumental va a girar en torno al deseo de la autora de defender el buen nombre de las mujeres y de advertir a éstas de lo peligroso de “las armas de engaño masculinas”.
Comparto las opiniones que alaban la veracidad con la que de Zayas trató de contextualizar su obra. Para ello no dudó en situar a los personajes en un marco geográfico concreto y familiar para sus contemporáneos, así como en introducir como hilo conductor numerosas costumbres con arraigo en la época, o aludir sin cortapisas a personajes o acontecimientos históricos.
La obsesión por la veracidad era común entre los escritores de la época y María de Zayas no les fue a la zaga en este aspecto.
La forma en que la madrileña describe algunos de los estados anímicos por los que atraviesan sus personajes también debe ser digna de elogio. No obstante, de Zayas optó por un realismo en cierta medida novedoso ya que tendió a enarbolar lo extraordinario, tanto desde un punto de vista positivo, como extraño o desagradable. Para de Zayas todos los acontecimientos que modificaban estados de animo eran dignos de ser comentados, fuera cual fuera su naturaleza.
Esta es una de las claves que a la postre nos sirven para diferenciar a María de Zayas del resto de los autores que siguieron la línea realista y situarla como precedente, más o menos clarividente, del posterior movimiento romántico.
Otro quid mora en la tendencia aleccionadora que se desprende de su obra, propensión que se observa de forma más que evidente en los Desengaños.
El motor que mueve el mundo literario de María de Zayas es el amor, en cuya descripción no ahorra detalles. Destaca la forma en que narra los efectos causados por el amor, la resaca que éste deja en los cuerpos abandonados, y por ende, en las mentes perturbadas a su paso. Su secuela, arrolladora de por sí, deja aniquilados (sobre todo a nivel psicológico) a todos los protagonistas de sus novelas y en un nivel superior, a todos los que lo sufren. Por ello no duda en criticar la galantería, una fachada -la del galán- que, a su juicio, siempre busca la consecución del placer inmediato.
Lo ya comentado hasta ahora nos sugiere una pregunta: ¿Es María de Zayas una temprana defensora de las tesis feministas?
Por lo que hemos observado en las ediciones más actuales, no hay unanimidad respecto a esta cuestión. El siglo de oro de las artes españolas coincide con un periodo de crisis política y económica que la literatura también reflejó. Es por ello que no podemos contradecir las palabras de Pérez-Erdelyi cuando afirma que de Zayas “se anticipó a muchos objetivos de las feministas actuales; deseaba despertar la conciencia de la mujer para que viese como era retratada por la literatura”.
Fueron flacos los favores que la literatura del siglo de oro hizo a las intenciones de la madrileña, por lo que no resulta extraño que buena parte de sus contemporáneos, así como investigadores posteriores, hayan relegado su contribución literaria a un plano cuanto menos secundario. Sin embargo, utilizar el concepto "feminismo" para definir las intenciones de María de Zayas me parece cuanto menos arriesgado.
En primer lugar, el feminismo nació como movimiento con conciencia propia en el siglo XX, por lo que a nuestro juicio resulta tendencioso utilizar dicha terminología para definir las actuaciones personales de la madrileña. En segundo lugar, hay que señalar que la defensa que de Zayas lleva a cabo en su obra parte de presupuestos, sino conservadores, quizá demasiado ambiguos como para ser considerados como precedente feminista. Su deseo principal fue defender la honra social de las mujeres. María consideraba que los hombres eran los verdaderos causantes de la situación de éstas. Es por ello por lo que les va a acusar de denigrar sistemáticamente a las mismas y de negarles, por ejemplo, los beneficios de la cultura. Los hombres, considera, han afeminando más a las mujeres de lo que la naturaleza las afeminó, dándoles bondades en lugar de armas.
Hasta aquí podríamos decir que la postura de María de Zayas es novedosa. El problema surge cuando aborda el tema de la libertad de la mujer para elegir marido. Es entonces cuando la ambigüedad a la que antes aludíamos se hace indudable. María de Zayas no crítica, por ejemplo, los matrimonios concertados por conveniencia paterna. Era un mal menor frente a lo, a su juicio, verdaderamente terrible: el posterior abandono conyugal por parte del marido. Esta es una postura que a nuestro juicio no acaba de conectar con el resto de sus aportaciones, y que no nos permite apostar por de Zayas como precedente del posterior movimiento feminista.
Casualidad probable o justificada, fue que Pilar Oñate no incluyera a María de Zayas cuando abordó el tema del feminismo en la literatura española, algo que no debe hacernos olvidar el mérito que tuvo su obra a la hora de romper con los convencionalismos de la novela breve del XVII, ni la inmensa capacidad de la madrileña para construir, con gran habilidad y un estilo sencillo, grandes relatos en los que el fin del amor, de su fuerza irresistible, auspiciaba al fin de la esperanza, de la esperanza de que el engaño no estuviera detrás de todo lo realmente extraordinario, lo que a la postre se salía de los convencionalismos que nutrieron a la mayor parte de la literatura de nuestro Siglo de Oro.

miércoles, 21 de mayo de 2008

Risto Mejide, Soseky y la Guerra de las Galaxias.

No, no es cierto...
Ni es sábado, ni acabo de volver de fiesta.
No he llegado tambaleándome al ordenador, y botella de agua en mano, me he puesto a escribir lo primero que se me ha pasado por la cabeza. Más bien es miércoles, acabo de hacer un poco de deporte -viendo la soporífera final de la Champions League-, y he decidido escribir un rato antes de pasar factura a mis neuronas en cuanto a lo aprendido en el tropecientos día de estudio. Lo digo, básicamente, por el título del nuevo post con que la Langosta trata de sorprenderles. Y lo hago, irónicamente, para justificar una relación que, a prioristicamente hablando, pudiera ser improbable.
Anoche -lo confieso-, veía Operación Triunfo, concurso que representa como ninguno los valores de la sociedad española actual, y quedaba prendado de uno de los miembros del jurado, probablemente el más mentado, efectivamente; era Risto Mejide, publicista de profesión y actor en sus ratos libres. Viendo como rayaba los límites de la ética televisiva al referirse a muchos de los concursantes, pensé en lo habitual que es esto en el mundo periodístico. No en vano, y sin ir más lejos, Fernando Sánchez Dragó, en uno de los mejores blogs que malviven en la red, “Dragolandia”, lo mismo se dedica a predicar las excelencias de su gato Soseki, que a denigrar y repudiar a aquellos que, por ejemplo, osamos amar deportes como el fútbol por el simple hecho de no ser algo culturalmente elitista, ¡manda huevos! (como diría aquel).
Sin duda -pensé-, el mentado Mejide ha debido aprender mucho de la agresividad que impera en los medios a la hora de desarrollar su labor. !Incluso de Dragó parece haber aprendido!. Y sí no, cómo explican esos ataques repentinos de “amabilidad”, esos gestos tan “campechanos”, esa ironía descarnada... Si sólo le falta hablar de su perro, "pulgaski"... Qué tierno sería, ¿no?
Será la incertidumbre, probable ironía del destino, la que -una vez más- decida el devenir de tanto melodrama. Es como todo...Hace quince años, cuando vi por primera vez La Guerra de las Galaxias, sólo podía fijarme en los maravillosos efectos especiales con que contaba. A día de hoy, cuando vuelvo a recuperarla de mi filmoteca, sólo me dedico a leer entre líneas de guión, a explorar en las actuaciones, y en definitiva, a disfrutar de aquello que la película simbolizó, simboliza y simbolizará. El caso es que quien sabe mi querido lector...Algún día, quizá más pronto que tarde, Risto Mejide, Soseki y Sánchez Dragó logren despertar algo en mi ser, no sé, quizá ese "que se yo" que te descubre algo ajeno a la artificialidad que hoy día reina en cada uno de sus arbitrios...

Posdata. Qué no. Que tampoco he fumado nada...

Y bajo los adoquines, no había arena de playa…

Cuarenta años después, el recuerdo de aquel mayo francés sigue vigente para muchos; aquellos que se esfuerzan en la utopía de otro mundo posible; aquellos que -ideologías al margen-, han contribuido a configurar el heterogéneo planeta en que hoy habitamos...
Todo esto es muy bonito, no cabe duda, sin embargo, mi querido lector, conviene descender a la tierra y analizar los hechos tal y como acontecieron, y acontecen. No en vano, lo grandioso que tiene la historia es que, como ciencia imperfecta que es, aún es necesaria para conectar pasado y presente en un diálogo constante capaz de hacernos participes de aquello que fuimos y seremos en el futuro -y esperado- “mundo mejor”.
Aquel mayo estudiantil, los estudiantes parisinos, al igual que aquellos del “no a la guerra”, no buscaban sino debilitar las políticas imperantes. Esto, visto desde un punto de vista objetivo, puede resultar muy loable, no me cabe duda (¿o sí?). Sin embargo, si echamos una mirada a los acontecimientos recientes, observamos que poco queda de aquel espíritu del 68, o al menos en lo que a nuestro contexto universitario más próximo se refiere.
Los estudiantes, y yo el primero, bastante tenemos con la indiferencia del mundo laboral como para centrar la mirada en anhelos y aspiraciones utópicas. El mundo puede desmoronarse ante nuestros ojos, y mientras -como animal de costumbres-, el virus del miedo nos atenaza a su paso, convirtiéndonos en seres inertes, incapaces de mirar más allá del horizonte, el anhelado horizonte… ¿de que sirve trazar horizontes en un mundo sin esperanza? -dirán no pocos-.
Aquel mayo estudiantil, en una Francia lastrada por su pasado, no significo ningún hito que deba pasar al recuerdo de las generaciones venideras, o eso al menos es lo que pienso. Se aplaude más la forma que el fondo de aquel proceso. Ya pocos recuerdan su significado, si es que hubo algún significado inherente ante unos pocos meses de protestas escasamente organizados, tanto ideológica como culturalmente. Fueron muchos, cierto, y bien utilizados por las fuerzas de extrema izquierda, que también. Sin embargo, no nos engañemos, y tengamos un poco de memoria, sí bajo los adoquines hubo arena de playa en aquella calurosa primavera parisina -que lo dudo-, el viento maestral se encargó pronto de hacerla volar al baúl de aquel recuerdo inalcanzable que ya pocos se empeñan en anhelar...¿cabrá hacer algo al respecto, no?

Posdata. Una forma de declararse contrario al conformismo es declararse conformista, y combatir el mal desde dentro. Ánimo, y al toro...

martes, 13 de mayo de 2008

Opositergoris...

Somnoliento, y casi sin aliento, me dirijo a “Conselleria”. Como siempre, y ya es un clásico, dejo todo para el último día. No pasa nada, no me preocupa, todo está claro. Llevo bajo el brazo toda la documentación que necesito. Sólo pagar, y me darán la bienvenida al maravilloso mundo del opositergoris; el único juego en que -si no tienes un buen enchufe-, te pasarás años y años jugando...
Todo marcha sobre ruedas. En la puerta, incluso, parece que salgan a recibirme... Toda una embajada de repartidores de publicidad, representando a otras tantas academias, parecen querer congeniar con el pobre Jorge, que bastante tiene con mantenerse en pie ante la tensión acumulada... Bueno, la última repartidora puede pasar la criba. ¡Ay omá qué rica!, como diría el gran Miki Nadal…!preciosa como Soseki!, que diría Dragó…
Pero, cuando logro quitarme de la cabeza a esa morena de ojos verdes (que por cierto, no se creía que yo cursaba en la Academia a la que representaba), ¡tachán!, el Nilo hecho muchedumbre. ¡Ups, qué agobio!...Esto va a ser eterno. Comienzo a hablar con la morena...estudia Biología, y también está preocupada. Esto de opositar no era lo que pensaba. La cola avanza y la morena continúa con su trabajo. Yo a mi rollo, somnoliento y casi sin aliento. El tiempo avanza casi con más lentitud que aquel amasijo de cuerpos demacrados por el estudio…
-¡Ya sólo quedan tres!
-!Dos!…
-Una!
-!Yo!…
-!Buenos Días!
-Hola, qué tal… (Deposito todo el papeleo sobre la mesa)
-(Silencio, silencio, tos, silencio…)
-¿Y el resto de papeles?
-(AYYYYYYYYYYYYYY)
-¿Qué papeles?
-La fotocopia del DNI y la declaración jurada…
-¿Jurada?, juro que desconocía la existencia de tal documento…
-Pues debe dejar de jurar en vano…
-(AYYYYYYYYYYYYY)
Comienzo a caminar, despierto y con aliento, dejando atrás aquella cola de espanto...mi primer hogar en el día de hoy. Me despido de la morena, aunque sin convicción...el opositergoris, -aquel juego en que si no tienes un buen enchufe te pasarás años jugando-, nos volvería a encontrar sólo un par de horas después y sin prácticamente nada de que hablar. No en vano, la rutina en las relaciones personales también puede dejarnos, somnolientos y sin aliento, esperando una oportunidad que, incluso la burocracia, se resiste a proporcinar.

El hombre invisible


Bueno, bueno…con esto no contaba Jacques Attali en su “Diccionario del Siglo XXI”.Les cuento...
Al parecer unos científicos norteamericanos (cómo no), han probado con éxito una “manta de invisibilidad”. Tranquilo, impávido lector…aún no está todo perdido, aún existe un reflejo y una sombra reducida al “cubrir” un material bajo dicha invención...aún no somos invisibles; y para lograrlo, seguiremos teniendo que recurrir a cualquier novela de ciencia ficción...eso sí, que al menos sea buena, y si es de nuestro fundador, P.K Dick, mejor…
No obstante, creo que estos científicos andan descuidados. No se si habrán patentado su descubrimiento o no, pero creo que alguien se les ha adelantado. Ese Metamaterial al que aluden en su informe ya ha sido fabricado y utilizado con anterioridad, y por cierto, con gran éxito. Y si no es así, cómo se explica aquello de Zapatero en la cumbre de Bucarest, a caso no estaba nuestro afamado Presidente cubierto de tal materia. !Claro que sí!. Todo un éxito para el I+D+I patrio. ¡El primer gobernante invisible de la Historia!...bueno, el segundo si contamos a Luís I “el breve”, pero eso ya es otra historia. Además, parece que no sólo los socialistas españoles conocen el secreto del Metamaterial. Mariano Rajoy, impertérrito capitán del navío popular, también participa del secreto…shhh, no se lo digan a nadie. Claro, ahora lo entienden todo, ¿verdad?, cobra sentido la derrota electoral y el “estado de excepción” en que vive su liderazgo al frente del partido. Mariano es así, invisible para tantos…
Y bueno, refiriéndonos a asuntos más banales, ¿qué me dicen de Ronaldinho?, éste lleva con la capa de invisibilidad puesta desde que el F.C Barcelona hiciera de París su obituario. Eso sí, los ocho millones netos por temporada, invisibles lo que se dice invisibles, no son…
Por cierto, si alguna vez ven a alguno de los personajes anteriormente citados por sus televisores, no se asusten, son dobles mediáticos, hechos por y para su tranquilidad. A disfrutarla…

lunes, 24 de marzo de 2008

Testamento vital


En estos días inciertos, en los que la Oposición a docente parece centrar mis días, a uno le vienen a la mente situaciones inciertas, contextos perecederos que cumplen la función de levantarle a uno el ánimo cuando más lo necesita. Hay una canción de Ismael Serrano que curiosamente se titula igual que el nuevo post con que pretendo inaugurar la temporada de primavera (sí, la de invierno ha sido más bien corta). Testamento vital es un tema que resume a la perfección lo que muchos como él y como yo sentimos a propósito de aquellos que buscan, desean y sólo la Ley les impide acceder a una muerte digna.
“Me despedirás y arderé en una estrella”. Tan simple como eso. Miren yo no soy teólogo y lejos de pretender ser pedante ante un tema tan manido como el que proceso en estas líneas, no expondré mis teorías acerca de la brevedad de los días. Sin embargo, existen momentos puntuales en la vida en que conviene reflexionar sobre el día en que el coyote llame a nuestra puerta y nos diga: “acompáñame, amigo”. El cine, por ejemplo, se ha encargado en los últimos años de hacer valer su potencial para lanzar mensajes al aire a propósito de la necesidad de que hombres y mujeres puedan morir dignamente si es ese su deseo y si, sobre todo, el dolor físico y mental es tan insoportable como incurable. Películas como la imposible pero inapelable “Mar adentro” o la obra maestra de Clint Eastwood “Millon dólar baby” lograron poner de manifiesto la necesidad de erradicar clichés que impidan cuanto menos debatir sobre una cuestión tan, digamos, peliaguda. Sin embargo, es la realidad la que mejor nos suele aleccionar.
El caso de Chantal Sébire es el último ejemplo y el que, a nivel personal, más me ha impactado (a buen seguro porque me coge en edad más adulta que el de Ramón Sanpedro). Chantal, aquejada de un tumor facial incurable y terriblemente doloroso (una enfermedad de esas conocidas como “raras” ya que, al parecer, sólo la padecen unas doscientas personas en el planeta), había apelado a la humanidad de los jueces galos para que acabasen con su vida o, mejor dicho, permitiesen a los médicos practicar uno de esos llamados “suicidios asistidos”. La corte francesa, sin embargo, rechazó la demanda aunque, eso sí, recordó a Chantal que siempre podía exponerse a uno de esos “comas inducidos” que tantas conciencias parecen limpiar. La respuesta de Chantal la hemos conocido días después cuando, a juicio de la autopsia, su repentina muerte no vino provocada por el dolor, el tremendo y acuciante dolor provocado por su prolongada enfermedad. Sí, señoras y señores, Chantal al igual que Sanpedro, decidieron por si mismos, ante situaciones que a buen seguro no deseaban, pero que estaban ahí. La hipótesis de una muerte asistida para Chantal es evidentemente cierta pero, ¿a caso importa?... ¿A quién debe importarle?, ¿A la justicia?, ¿A la moral?...”mi no entender” como diría mi gran amiga la "ignorancia".
En fin Chantal, donde quiera que estés, gracias por convertirte en lo que hoy eres, un nuevo ejemplo de valentía que se impone inapelable ante el devenir de los tiempos.
Y, como dice Ismael “toca celebrar, la hazaña de estar vivos”, cada día, cada hora, cada minuto, ahora.